martes, 4 de enero de 2011

Dover - Devil came to me (1997)

Aunque parezca mentira, los Dover de ahora, los que han bajado del podio a Kurt Cobain y han puesto en él a Madonna, en la década de los 90  revolucionaron el rock nacional con Devil came to me, tras su silenciado Sister. Hace unos años,  cuando Cristina tenía unos kilos de más y vestía como un hombre, decidió montar un grupo con su hermana mayor, tomando el nombre de la tienda de ropa de su madre. Devil came to me, su segundo álbum, fue editado en 1997 en Madrid, costando alrededor de las 800.000 pesetas.

Puliendo los errores de su debut y depurando el sonido, lo hicieron más brillante y limpio sin perder un ápice de contundencia. La banda madrileña dio un paso de gigante sin cambiar de fórmula y con el toque amateur todavía presente, Cristina mejoró su acento inglés para dar lugar a un disco lleno de quintas,  arpegios sencillos y letras simples.

 "Devil came to me" y "Loli Jackson" empiezan trepidante y abruptamente,abriendo de manera magistral el disco, con una Cristina mucho menos masculina que en el anterior trabajo ganando en crudeza y rabia gracias al ensamblaje perfecto de todos los intrumentos.

El single del disco, "Serenade", se abre paso a un sencillo arpegio que da lugar al característico riff de estribillo montado sobre quintas. Dos facetas se mezclan: la de canción con guitarra limpia y tranquila  apenas sin batería con la de un estribillo demoledor acompañado por la distorsión. Dentro de estas características también se encuentra "Judas".

Temas poperos como "Spectrum" o "Nightmare" forman una dicotomía con el punk sucio de "La monja mellada""Pangea", consiguiendo un perfecto equilibrio entre ambos estilos que se extiende por todo el disco. El  toque grunge a la guitarra proveniente de Seattle aparece con "Winter song" y "Rain of the times", que convive perfectamente con "Sick girl", el tema lento que cierra el disco.

Aunque no se hizo demasiado hincapié en su promoción, podría decirse que Devil Came to Me es, además, un disco conceptual, sobre la religión. Las referencias católicas comienzan con el título del disco, pero siguen tanto en las letras como en el artwork . Probablemente tenga muchos detractores, pero tendrá tantos o más defensores... precisamente por eso, porque estamos hablando de un clásico. Esperemos que el nuevo cambio de Dover se quede en un "I lied for you" como dice la canción homónima a este trabajo.


Pendulum - Immersion (2010)

Siento el parón que ha sufrido el blog en general y yo en particular, debido a temas académicos, y aprovecho las clemencias de Bachillerato para, antes de terminar 2010, revisar el que para mí ha sido el mejor álbum de este año (que me perdonen los fans de Bullet For My Valentine, Deftones, Avenged Sevenfold o Disturbed, entre otros). Si me atrevo a decir esto es porque en este disco he podido apreciar más claramente que en ningún otro a un grupo que evoluciona a mejor y no a una banda en declive; aparte de que, siendo sinceros, la novedad musical de descubrir este mismo año a estos australianos ha influido bastante.

Pendulum es un grupo que mezcla con gusto géneros electrónicos como el drum & bass con un planteamiento rockero de lo más energético. En Immersion podemos apreciar cómo ese drum & bass más puro se va perdiendo en favor de atmósferas más experimentales. De esta manera, después de una inquietante intro nos sorprenden en el álbum con un puñetazo electrónico instrumental como "Salt in the Wounds", buen comienzo para el álbum. Entre canciones como "Crush", en las que mezclan con asombrosa facilidad el house y el rock con el género madre de los chicos de Rob Swire, el drum & bass, emergen de la "Inmersión" temazos tan obvios como "Watercolour", "Witchcraft" o las dos partes de "The Island". La primera es una canción 100% adictiva que sube y baja en intensidad, acompasándose con tu estado de ánimo, con un peligrosamente pegadizo ritmo de vientos-metal. El segundo single, "Witchcraft", es otra caja de sorpresas que, cuando piensas que va a ser una pieza llena de sentimiento, te sorprende con un "riff" electrónico marca de la casa que te anima a pegar botes por toda la habitación. Y si el bueno de "Rob Swire", cantante, teclista y líder de la banda, se apellidara "Guetta", tened por claro que "The Island" lo petaría en todas las discotecas, ya que es el tema más pachanguero del disco (sí, sí, las dos partes, da igual, ¿a quién le importa bailar durante 9 minutos la misma canción si es tan buena como ésta?). Mientras que la primera parte, "Dawn", es el típico himno de las pistas de baile, "Dusk" es una variación de la primera llena de sonidos electrónicos cercanos a la cacofonía, que se acaban acoplando perfectamente a la línea principal de la canción.

Aun después de todos estos puntos fuertes del disco, no podemos despreciar la parte en la que la banda se gana completamente el aplauso: las colaboraciones. Y es que que estos chicos sumen a su creatividad la hiperactividad de Liam Howlett (The Prodigy) en "Immunize", la adrenalina de In Flames en "Self vs Self" o la sensibilidad de Steven Wilson (Porcupine Tree) en "The Fountain" es un inesperado regalo para los oídos más exigentes.