Hoy toca revisar el segundo disco de la banda de éxito internacional y mediático que es, hoy por hoy, Muse. Antes de que a Matthew Bellamy y a sus compañeros les diera por hacer canciones altamente comerciales y bandas sonoras de pelis de vampiros cachas, allá por el 2001, la ambicion musical del trío de Devon aglutinó en un disco un cóctel de influencias que al final definirían su estilo, partiendo desde la música clásica para piano hasta los riffs más cañeros de Rage Against the Machine, pasando por el rock progresivo y los falsetes melancólicos de Thom Yorke y Freddy Mercury. Tan buen resultado les dio, que desde entonces este álbum ha aparecido en numerosas listas de mejores albumes de prestigiosas revistas, tales como "Los 100 Mejores Albumes de la Historia" de la revista Q, en la que aparece en el puesto 74.
Las constantes de este disco son un bajo con una distorsión chisporroteante, arpegios de piano combinados con riffs electrizantes de guitarra y, como no, la característica voz del bueno de Matt. La pista que abre el disco, el single "New Born", es un ejemplo perfecto, empezando con un arpegio de piano que luego deja lugar a un machacón ritmo de bajo acompañado por una pesada batería e intermitentes apariciones de la frenética guitarra de Matt. Fórmula que sigue en "Bliss", si bien en esta canción el teclado tiene una mayor presencia a lo largo de la canción que le aporta un matiz muy discotequero, con un estribillo exhalado por el cantante casi como una catársis.
Pero Muse tiene mucho rock guitarrero dentro, como se demuestra con los riffs iniciales de "Hyper Music" y "Citizen Erased", a caballo entre Hendrix y Morello. Y hablando de riffs cien por cien rockeros, no podemos olvidar una de las piezas maestras de "Origin...". Los que ya habéis escuchado el disco sabréis que se trata de "Plug in Baby", esa oda de Bellamy a su guitarra que nos deleita con una descarga de música clásica electrificada a través de seis cuerdas y muchos vatios, además de un estribillo que nos pone sensibleros (Qué tonto te pones cuando quieres, Matt).
Otra canción sobresaliente es "Space Dementia", sobre todo si te gusta el sonido de un buen piano, acompañado del envolvente estilo de Muse, por supuesto. Y precisamente eso, la afirmación de que Muse tiene un estilo único que los hace inconfundibles, aparece en la excelente versión de "Feeling Good", canción que a poco que toquen según les diga su técnico de sonido y sus almas de músico, la convierten y la absorben por completo (exactamente según dictan las normas de las buenas versiones, añadiendo el toque de la banda que versiona pero manteniendo la esencia de la original).
En definitiva: sonatas de piano, riffs rockeros, emoción, brillo y genio de la chistera de Matt Bellamy, Dominic Howard y Christopher Wolstenholme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario